miércoles, 16 de septiembre de 2015

No hay existencia...

El día no sonríe ni da señas de vida,
nada vuela ni crece en lo abstracto
de la distorsionada apariencia sufrida,
todo muere a la vista y al tacto.

No hay existencia que permanezca
ni permanencia que exista,
desaparecemos en la oscuridad puberta,
singularizamos instantáneamente, sin alma a la vista.

¡Qué alguien exponga nuestro surgir,
nuestra ansiedad momentánea!
¡por favor, que nos descubran ya!¡aquí!
Antes que empecemos a partir...

A partir, ¿hacia donde? ¿Venir de que?
Que el aislamiento nos enseñe
el origen del porqué,
antes, antes, antes que la nada nos adueñe.

Volatilizamos de la nada
como experimentos resueltos,
¡la muy maldita nos reclama!,
nos arrebata de la vida, muertos.

Lamentablemente no estamos en este lugar,
pero tampoco estamos en la nada,
inmóviles, inertes, efímeros, existentes sin paz,
sin consciencia ni samsara

Sin bienaventuranza, solo una biología fugaz,
sin demonios, sin ángeles, sin alma.
No hay, pero estás.
No vives, ni mueres, estas en calma.

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